
Yo le pregunto a un caminante de la urbe
¿Que es mas hermoso? ¿Un corcel sumiso y domado? o ¿Un corcel indomable y libre?
Antes de responderme se impacta ante la sorprendente irrupción entre los fríos pedregales y la gran arboleda, luego de analizarme entre miradas y gestos, su boca empieza a tomar diferentes formas diciendo:
Mmm.. Para mi seria el indomable..
Antes de que pusiera el pie de nuevo sobre el próximo paso, le irrumpo de nuevo;
¿Pero por qué?, si el corcel manso se puede tocar, mirar, montar, mientras que el otro
es imposible acercársele a menos de unos metros.
A lo que me mira con cara de extraño..
Si pero el salvaje no se sabe lo que va a hacer por lo que es más hermoso admirarlo, además es libre lo que da la imagen de ser feliz y natural ante lo que viene. Mientras que el otro no depende de sí, amarrándolo al conocido proverbio, lo que el hombre domestica es por siempre responsable…
Termina de colocar su pie en su siguiente paso y se abre camino entre los pedregales, yo con la mirada en el monte continuo con mi búsqueda de mi próximo caminante…










