Posteado por: Sherhei | Abril 26, 2009

Reflexiona…

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Libertad…

Un pequeño sabio caminaba por el sendero de los mil kilómetros hacia el pueblo más grande del reino, el pequeño que llevaba miles de años encarnando tenía en su mente, corazón y espíritu millones de enseñanzas que esperaba verter sobre la humanidad.

Pero había un problema que al pequeño no le gustaba y que en miles de años y encarnaciones no había meditado profundamente, la “libertad”;

-Oh bendito cielo que me acompañas de día, noche, media luna y media noche, el infinito mar me ha hablado de la libertad que ella te reclama, y tu que en el árbol del nogal olvidado me has dado un soplido de esa que tanto expresas y amas ¿Cuál es la libertado en una región sumida por el no-libre? ¿Cuál es la verdadera naturaleza de aquella palabra hablada por siglos pero no entendida por el despreciable hombre que todo lo acaba?

De pronto y ante las suplicas del bendito, el cielo hablo y de su manto azul brotaron gotas de agua que hicieron sumir al pequeño en una danza que ningún otro en ninguna existencia había reclamado y hecho tan libre a un ser.

Ante la mirada atenta del pequeño apareció un ser iluminado como ningún otro, de aspecto angelical, largos rayos de sol salían de sus contornos y se acerco al pequeño que yacía sumido en un éxtasis ante la lluvia sin nubes y su danza.

El ángel le dijo en tono suave;

Ningún hombre conoce el significado de libertad, la libertad no es palabra, ni verbo, ni verbo ni acción sino que simple amor. Del amor brotan las maravillas más grandes en lo físico, espiritual y mental que ninguno se imagina, sin amor es como un árbol sin hojas ni tallos, el amor nace en la mente de los despiertos que con imaginación crean sin temor.

El no libre no expresa, no siente, no ama, solo esta, la rebeldía sin el amor es como un ser sumido en el tormento, la rebeldía con el amor, es incesante. Por libertad el hombre ha matado, por libertad el hombre ha hablado, pero nunca se ha preguntado ¿Qué es libertad?

A lo que el sabio se apresuro a responder con temor antes que aquel ángel se esfumara;

¿Es libre el que hace lo que desea pero que en su espíritu se siente prisionero?

¿Es libre el que habla sin razón y en su espíritu reina el desconcierto?

¿Es libre el que en sus pensamientos esta prisionero?

El pequeño ángel con la misma radiación de luz que había llegado se acerco nuevamente y a través de un soplido de tonos azules claros que contenía las palabras nunca antes dichas le dijo en un tono imperceptible para el no consiente;

El que hace lo que desea pero en su espíritu se siente prisionero es como una hoja a merced del viento, tan libre pero tan confundido.

El que habla sin razón y en su espíritu reina el desconcierto, es como un acantilado que expresa su prisión por años a través de largos reflujos hablando de su libertad desde su espíritu prisionero.

Aquel que en sus pensamientos esta prisionero es como un pez dentro de su pecera, tan inocente pero tan sumiso.

En los millones de años de luz y oscuridad, muchos sabios y no sabios han buscado la respuesta a la libertad, pero no es palabra, no es esquema, no es verbo ni no verbo. Para eso solo abre los ojos a tu corazón y tu corazón abrirá los ojos a la historia olvidada de la libertad…

Así el pequeño supo de inmediato que debía hacer, se despidió reverencialmente hacia aquella criatura alada y cambio su rumbo hacia la Colina más cercana para así escuchar los cánticos olvidados por miles de años.

Fue así que de pronto en su camino hacia la colina entre arbustos, matorrales, largos árboles que tenían su edad marcada en sus brazos y piernas, y las mas variadas clases de insectos se encontró con una entrada en la roca que tenia su entrada tallada con colores rupestres, un color claro azul del cielo pero corrompido por el paso del tiempo y la lluvia, sobre el cielo habían pequeñas marcas que representaban el aire con semicírculos hacia las mas diversas partes.

El pequeño sabio entro temeroso y en su entrada tomo la antorcha que iluminaba con una llama mas fuerte que el sol pero tan temerosa como la luna, el aceite ardía sin cesar mientras bajaba la entrada que llevaba a una serie de murales olvidados, cada mural representaba una búsqueda de la libertad desde los albores de la existencia, todos tenían un nombre distinto.

Tropeus mmm, Alarerus, me parece conocido, Sgitya, ese no lo conozco, Tret, ese si lo conozco.

Claro que el sabio conocía a Tret, este había sido uno de sus primeros maestros en el arte del misticismo, de origen Griego pero criado fuera de la Península, era un genio en el pensamiento y en la historia de los Dioses, pero un completo desconocido en el mundo de las formas y colores, el pequeño siguió leyendo emocionado;

“La libertad no es la libertad que el libre canta como lunático en vela, la simple libertad es expresión, es vida, es arte, es…. Lo que tu eres…”


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